Martha Graham: La bailarina que danzaba con el corazón
¡Hola! Soy Martha Graham, y quiero contarte cómo aprendí a contar historias sin usar palabras, ¡sino con todo mi cuerpo! Cuando era niña, mi padre, que era médico, me enseñó algo muy importante. Él decía: “El movimiento nunca miente”. Eso significaba que la forma en que nos movemos, caminamos o nos sentamos muestra cómo nos sentimos de verdad por dentro, incluso si no decimos nada. Yo guardé esas palabras en mi corazón, como un tesoro secreto. Un día, cuando era una adolescente, mis padres me llevaron a ver a una bailarina increíble llamada Ruth St. Denis. ¡Fue mágico! La vi moverse por el escenario, contando una historia solo con sus brazos, sus piernas y su expresión. En ese mismo instante, supe con toda mi alma lo que quería hacer. Le dije a mi corazón: “¡Yo también quiero ser bailarina!”.
Cuando empecé a estudiar danza, los bailes que todos hacían eran muy ligeros y delicados, como si flotaran en el aire. Eran bonitos, pero yo sentía que no me dejaban mostrar los sentimientos grandes y fuertes que a veces todos tenemos, como la alegría inmensa, el enojo o la tristeza profunda. Yo quería un baile que fuera real y poderoso, como la vida misma. Así que decidí crear mi propia forma de bailar. ¡Fue un gran desafío! Empecé a moverme de una manera completamente nueva. Usaba todo mi cuerpo, especialmente mi centro, para hacer movimientos fuertes y a veces un poco bruscos. Creé una técnica que llamé “contracción y liberación”, que es como tomar una gran bocanada de aire, apretar todos tus músculos con fuerza y luego soltarlo todo de golpe. Con esta nueva forma de bailar, podía contar historias sobre héroes, sobre la naturaleza y sobre los sentimientos más profundos del corazón. Para compartir mis ideas con otros, en el año 1926 abrí mi propia escuela y compañía de danza en la ciudad de Nueva York.
¡A lo largo de mi vida, creé más de 180 bailes diferentes! Cada uno era una historia especial contada a través del movimiento. Uno de mis bailes más famosos se llama “Primavera en los Apalaches”. Cuenta la historia de una joven pareja que construye su primera casa, llena de sueños y esperanzas para el futuro. No usaba palabras, pero el público entendía perfectamente su alegría y sus nervios. Bailé en los escenarios hasta que fui bastante mayor, y seguí enseñando a otros bailarines durante casi toda mi vida. Siempre creí que todos tenemos una historia que contar. No tienes que ser un bailarín profesional para expresarte. La próxima vez que te sientas muy feliz o un poco triste, intenta moverte y verás cómo tu cuerpo puede contar tu propia y maravillosa historia. ¡Nunca olvides que tu movimiento también cuenta quién eres!
Preguntas de Comprensión Lectora
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