Gengis Kan
¡Hola! Mi nombre puede sonar muy importante, pero no siempre me llamaron Gengis Kan. Cuando era niño, mi nombre era Temuyín. Nací hace mucho, mucho tiempo, en 1162, en las amplias llanuras de Mongolia. Vivíamos en tiendas redondas y acogedoras llamadas gers, y mi familia se mudaba de un lugar a otro con nuestros caballos y ovejas, siguiendo las estaciones. La vida era una aventura, pero también era muy dura. Cuando era solo un niño, perdimos a mi padre, que era un líder, y otras tribus le dieron la espalda a mi familia. Tuvimos que aprender a sobrevivir por nuestra cuenta. Aprendí a cazar, a encontrar lugares seguros para acampar y, lo más importante, a ser fuerte y valiente incluso cuando tenía miedo. Esos tiempos difíciles me enseñaron que tenía que ser listo y nunca rendirme.
A medida que crecía, veía que todas las diferentes tribus mongolas siempre estaban peleando entre sí. Pensé: '¡Esto es una tontería! Todos somos un solo pueblo y seríamos mucho más fuertes si trabajáramos juntos'. Es como una flecha: es fácil de romper. ¿Pero un manojo de flechas? ¡Son casi imposibles de quebrar! Quería que nuestro pueblo fuera como ese manojo de flechas. Así que empecé a hablar con otros jóvenes guerreros y líderes. Les mostré que, uniéndonos, podíamos protegernos unos a otros y construir una vida mejor. No fue fácil y me llevó muchos años, pero poco a poco, las tribus empezaron a confiar en mí. En 1206, todos los líderes se reunieron para una gran asamblea, un 'kurultai', y me eligieron como su líder. Me dieron un nuevo nombre: Gengis Kan, que significa 'gobernante de todo'. Estaba muy orgulloso. Ya no éramos tribus separadas; éramos una gran familia mongola.
Una vez que estuvimos unidos, creamos algo asombroso: el Imperio Mongol. ¡Se convirtió en el imperio más grande del mundo que estaba todo conectado por tierra! Construimos caminos y creamos un servicio postal con jinetes a caballo, algo así como los primeros carteros, para que los mensajes pudieran viajar súper rápido. Hicimos que el comercio fuera seguro a lo largo de una famosa ruta llamada la Ruta de la Seda, para que gente de lugares lejanos como China y Europa pudiera compartir cosas maravillosas como seda, especias y nuevas ideas. Me aseguré de que todos en mi imperio fueran libres de seguir sus propias creencias, lo cual era muy importante para mí. Envejecí y fallecí en 1227, pero el trabajo que hice para unir a la gente duró mucho tiempo. Mi historia demuestra que incluso si empiezas con muy poco, puedes lograr grandes cosas si tienes un gran sueño y ayudas a otros a compartirlo.
Preguntas de Comprensión Lectora
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